Estoy sentada, sola, en un lugar cercano al cielo. Siento frío, el aire me congela, pero qué importa si aún puedo respirar.Miro el firmamento y veo aquel rostro plateado que me mira, me ilumina, y miles de ojos blancos me guiñan y cambian de color.
¡Qué frío hace! Pero sólo en el exterior, donde mi piel puede sentir, donde se hace vulnerable el hombre; pues una llama interna me reconforta, está ahí, escondida, donde nadie puede apagarla.
Solitaria y en silencio reflexiono acerca de la vida, mi vida, tan pequeña y frágil como el soplo de este gélido viento, que mece mis cabellos en esta clara noche en que estoy sentada, sola, en un lugar cercano al cielo.

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