Suavemente, lentamente; como gotas de llovizna suena el teclado bajo los delicados dedos de Claudio. Una voz singular comienza a cantar un bello poema, que me habla de dolor, de pérdida, de melancolía. ¿Es quizás la ciudad devastada por el bombardeo? ¿Será la patria perdida? ¿O tal vez el amor muerto? “¡Ella no existe más!”, el volumen aumenta, la música in crescendo y mis emociones a flor de piel quieren gritar: “¡Ella no existe más!”.
Folklore, Rock Progresivo, son términos que se vienen a mi mente, pero en mis sentidos se desencadena una oleada de sentimientos dolorosos y reconfortantes… hermosa melodía, una lírica maravillosa, arreglos divinos. ¿Cómo una música puede entregar tanto? Qué manera sublime de expresar, tan perfecta, tan tierna, que parece acariciarme.
Una banda que perdió a su voz, pero ganó un ángel que ya lo era desde siempre, con una voz inconfundible, una guitarra poderosa. Nunca será lo mismo sin él, pero la fuerza no muere, se transforma y evoluciona, con el hijo que hereda el lugar de su padre, transmite una parte de él, lo mantiene vivo y trascendental.
Y como un eco se repite en mi mente, persistente, incansable: “¡Ella no existe más!”.
viernes, 4 de enero de 2008
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